Mágina Sur Información

Tu comercio podría aparecer aquí, a la vista de todos los lectores de Mágina Sur Información. Llámanos y te informamos. La publicidad más rentable

La lápida más antigua del cementerio de Huelma-Por Magdalena Valenzuela Guzmán

Nov 01
Valora este artículo
(0 votos)

¡Venid cristianos, los que en este mundo

Las ciencias y virtudes admiráis!

 ¡Venid también los que al sabio profundo

Con el laurel de Apolo coronáis!

Tejed coronas para que en la tumba

Del sabio y justo en loor se hundan

Aquí yacen los restos de D. Antonio José 

Bravo. Presbítero. Murió en 4 de Noviembre

de 1856 a los 71 años de edad.

Así reza a inscripción que aparece en la lápida más antigua que podemos encontrar en el cementerio de Huelma. Tiene ciento sesenta años y se encuentra en un estado lamentable, dividida en dos fragmentos, olvidada y arrinconada entre otras tumbas, donde pasa desapercibida al visitante y a mi entender, sin el reconocimiento que merece a losa funeraria más antigua que tenemos. Ojalá este artículo sea útil para concienciar a quien corresponda de la necesidad preservar esta esquela funeraria, que forma parte de nuestro patrimonio, antes de que desaparezca totalmente y quede olvidada. Máxime, cuando el coste de ponerla en valor sería mínimo, ya que el soporte de piedra donde un día estuvo alojada aún se mantiene en pie, y justo a su lado, existe una base, también de piedra, sobre la que se podría emplazar el conjunto, dándole así la ubicación digna que merece.

Pero si es importante conservarla, también lo es documentarla, o sea, saber a quién pertenece y conocer algo de lo que fue la vida de este vecino de Huelma cuyos restos yacen en ese lugar.

El presbítero Bravo nació en Huelma el 25 de febrero de 1786 era hijo de Juan Luis Bravo y Manuela Salcedo y nieto por línea paterna de Clarino Antonio Bravo y de Maria de Arias y materno de Manuel Salcedo Martos y de Maria Florencia de Vico, todos naturales y vecinos de esta villa. 

Su bautizo se celebró al día siguiente de su nacimiento, o sea, el 26 de febrero de 1786. Le impartió el sacramento D. Juan Martínez Mendoza, cura de la única Iglesia Parroquial que había en Huelma, la de la Inmaculada Concepción. Se le impuso el nombre de Antonio Josef Cesáreo, siendo sus padrinos D. Eufrasio Madueño y Dª Catalina del Barco.

Debía pertenecer por nacimiento a una familia pudiente de nuestro pueblo, vinculada al clero, ya que su padre desempeñaba el cargo de notario público escribano de las tercias, perceptor del Obispado de Jaén. 

Las tercias era un tributo que la iglesia cedía a la corona, y que habitualmente consistía en entregarle as dos novenas parte del diezmo(1), que es la décima parte de todos os frutos y cosechas que los fieles pagaban a la iglesia.

Esta pertenencia a la clase alta de nuestro pueblo, le permitió seguir estudios de teología y llegó a ser presbítero; que es un cargo jerárquico de la religión católica que está habilitado para representar un santuario, una parroquia o cualquier otra división de la diócesis, ya que la responsabilidad última la tiene el obispo, del que se diferencia en que el presbítero no puede administrar confirmaciones ni ordenar sacerdotes.

El presbítero Bravo, ejerció según aparece en la inscripción de su entierro como cura de Huelma durante muchos años, siendo, en el momento de su fallecimiento “cura primero y más antiguo de la villa”.

En aquellos años, la parroquia de Huelma contaba con cinco curas. Uno de ellos era el prior, y los otros, que tenían estudios menores, eran coadjutores. a importancia de estos últimos, se determinaba por  la antigüedad en el cargo. Luego, al ser  D, Antonio José Bravo Salcedo el más antiguo de los cuatro curas que ayudaban al prior, debió ser el más importante y tuvo que haber ejercido durante muchos años como cura en nuestro pueblo, porque de no haber sido así, nunca hubiera sido el cura primero de la iglesia de la Inmaculada Concepción.

Según narra Paulino Bravo, que era colector de testamentos de la iglesia de Huelma en 1856  el presbítero Bravo falleció el 4 de noviembre de 1856 a consecuencia de hipertrofia del corazón. “ dejando vivos recuerdos a este vecindario de su religiosidad, virtud y buenas costumbres y siendo su ejemplar vida el modelo de laboriosidad en el confesionario, asistencia a los enfermos y demás actos de su ministerio, que cumplió con exactitud en el cargo el tiempo que desempeñó su destino cleral”.

Prueba de la relevancia que debió tener este presbítero en nuestro pueblo, es la calidad de quienes fueron los testigos de su sepelio.

El primero fue D. Juan Bautista Robles Fontecillas, II marqués de Cúllar Baza. Persona vinculada a Huelma desde 1760, cuando un antepasado suyo, Jacinto de Robles Montenegro, contrae matrimonio con una vecina de este pueblo, María Ogayar Calatayud que era hija del alcaide del castillo de Huelma entre 1758 y 1781 y el segundo testigo fue el alcalde de Huelma D. José García Martínez.

Por el alma de este presbítero se mandaron decir en la iglesia de la Inmaculada Concepción un total de 113 misas distribuidas entre noviembre de 1856 y diciembre de 1857.

 

Developed in conjunction with Ext-Joom.com

HomeHuelma-SoleraHuelma, historia y culturaLa lápida más antigua del cementerio de Huelma-Por Magdalena Valenzuela Guzmán Subir

Últimas noticias

Últimos videos

Este sitio web utiliza cookies. Al utilizar nuestros servicios, acepta el uso que hacemos de las cookies. Para más información, consulte nuestra política de privacidad.
Aceptar