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Por Fuente Leiva-Francisco Ruiz Sánchez

Dic 03
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El Campo del Moral es una extensa llanura que fue elevada sin apenas plegamientos durante la orogenia Alpina(1). Situada al sur este de Huelma, te ofrece hermosas vistas en donde aún predominan las tierras calmas que se visten según la época del año.

Debido a su altitud, por encima de los 1.000 metros, generadora de temperaturas extremas, se ha resistido a históricamente a su colonización por el olivo. Actualmente esta situación ha cambiado. Los avances en el cultivo de olivar y la continuada tendencia a un clima más caluroso está cambiando a un ritmo muy acelerado el paisaje.

El paraje es amplio, grande, por lo que se necesitaremos realizar varias excursiones para conocerlo. En esta primera caminaremos por los campos de Fuente Leiva, una gran cortijada situada al este de Huelma que le da nombra a este pago.

Foto Plano de la ruta

Partiremos como en futuras ocasiones  de la cortijada conocida en Huelma como “La Villa”, y en los mapas como Villacampo del Moral, en concreto de una plazoleta existente en el centro.

Foto Plaza de Villacampo del Moral

Este pequeño núcleo rural, hoy básicamente zona de segunda residencia, está subdividido en dos zonas. La que queda más al este la conforma pequeños cortijos que antiguamente eran conocidos como “El Hacho”, sitio elevado. El cortijo era propiedad en los años 30 del pasado siglo de los hermanos Modesto y Antonio Pardo Pardo, dos vecinos de Granada que optaron por trocearlo y venderlo unos pocos años después. Y daba para ello debido a su extensión, unas 600 hectáreas.

La otra zona la compone una veintena de casas construidas por el Estado en los años 60 similar a las que se construían en el interior de las poblaciones para las familias más menesterosas. Iban destinadas a los jornaleros que trabajaban en los numerosos cortijos de los alrededores, muchos de los cuales no llegaron a habitarlas al verse obligados a emigrar. 

Esta pequeña y extraña urbanización de naturaleza urbana pero construida “en mitad del campo”, le debieron de poner un nombre, y dejándose llevar las autoridades por la moda de la época en la que las viviendas unifamiliares de la nueva burguesía comenzaban por “villa ….”, se le llamó Villacampo del Moral, nombre ampuloso que quedó finalmente en “La Villa”, y es que los que la habitaron no fueron precisamente los nuevos ricos surgidos del régimen.

De la plaza salimos salimos a la Carretera de la Estación, carril asfaltado que nos lleva a la Estación de Ferrocarril de Huelma. Nos dirigimos hacia nuestra izquierda y tras andar unos 700 metros tomamos un carril de tierra que queda a nuestra derecha según nuestro sentido de marcha. Tras recorrer poco más de un kilómetro nos encontramos con un pozo típico de esta zona que nos anuncia el Cortijo de las Merinas.

Foto Pozo del Cortijo de las Merinas

Este cortijo ya aparece en el Catastro de Ensenada de 1752, pero con el nombre de  Las Marinas. Desconozco el porqué de este nombre. Sí sé que en 1895 era propiedad de Manuel Padial Ogayar (1860-1942), conocido en Huelma como “loco padial”1. Se lo tenía arrendado a Baltasar García Guzmán (menor), vecino de Huelma que pagaba una renta de 55 fanegas de trigo macho. Luego lo compraría Ramón Sánchez Varela, vecino de las Cabritas, casado con Rafaela López Villanueva. En la actualidad, las tierras siguen en manos de la familia.

Foto Cortijo de Las Merinas

Vemos que las tierras que nos rodean tienen un color rojizo. Son los primeros sedimentos del macizo hespérico depositados al comienzo de la era secundaria en las zonas costeras y que ahora vemos al mismo nivel que los que teóricamente deberían de estar por encima. Estamos pisando por los que anduvieron  los dinosaurios.

Tras pasearnos por le era del cortijo, quizás lo más valioso que queda desde el punto de vista etnológico, continuamos con nuestro andar, llegando prontamente a un cruce que lo tomaremos a nuestra derecha. Durante algo más de dos kilómetros vamos a tener la fortuna de caminar por una senda histórica que responde al vello nombre de “Cordel de Guadahortuna”. Por aquí ha transitado desde hace 500 años el ganado que hacía la trashumancia entre Sierra Morena y Sierra Nevada. Quizás venga de esta actividad el nombre del cortijo que hemos dejado atrás y haga referencia a las ovejas que por el cordel pasaban.

Del antiguo camino apenas quedan testimonios. Quizás algunas centenarias encinas que ofrecerían su sombra a los cansados pastores y bellotas a sus ovejas.

Otra bella estampa surge en este tramo de nuestro camino. A nuestra izquierda podemos observar una hermosa haza de tierra de sembradura que en estos momentos se viste con un manto grisáceo que se pierde en el horizonte y en donde destaca una gran encina. Tan bella es que el hombre le ha puesto un nombre, por otra parte misterioso: el “haza de las siete sayas”. Quizás haga referencia a María de la Siete Sayas, espíritu protector muy venerado en Cuba que está representado por una muñequita negra que vista una falta con 7 sayas. Quizás alguno de sus antiguos propietarios tuvo una relación estrecha con nuestra antigua colonia, trayendo hasta aquí esta creencia de origen africano.

Foto Haza de las Siete Sayas

Al final de la subida nos encontramos con una nueva intersección. El cordel sigue al frente y nosotros tomamos por la izquierda un nuevo camino también con gran hidalguía. Estamos pisando el Camino Real que unía Toledo con Almería. Tras cruzar Sierra Morena, el Camino Real llegaba a Úbeda. Tras cruzar el Guadalquivir y la ciudad de Jódar se adentraba por el valle del Jandulilla hasta llegar a la Venta del Carvajal, cercana al castillo de Bélmez. En este punto el camino se diversificaba. Una rama continuaba hacía Granada  por Guadahortuna e Iznallóz y otra se dirigía a Almería. Este segundo, que es el que nos interesa ahora, alcanzaba Solera y continuaba hasta Fuente Leiva, desde donde se dirigía recto hasta Guadix. 

En Fuente Leiva tuvo el Duque de Alburquerque una venta a comienzos de  S. XVI. En “El Libro de Vecindades de Huelma” de Tomás Quesada, en el apunte 11 fechado en el año de 1509, podemos leer:

“Tierra de la Venta Leyua. Quedale a la dicha venta de la Fuente Leyua que anda a resta que a de gozar el venteo que lo arrendare treinta y una fanegadas de tierras que son junto con la dicha venta, linderos por la una parte el mojon de Solera y por la otra haca de Alonso de Rauanales, e por la otra el camino que va a Guadix, e por la otra tierra de la partición de ente Solera e esta villa. De las quales a de pagar terrazgo según que los otros vecinos.”(2)

Este Camino Real sigue apareciendo en el mapa que Tomás López de Vargas y Machuca publica sobre el Reino de Jaén en 1787(3). También aparece en un texto de 1765 de autor desconocido que incluye una guía de los caminos existentes en España en esos años. En la relación de sitios por los que discurre el camino aparece “Fuenteleyda”, no constando que sea una venta. Tampoco aparece  la venta en el estudio que se hace de Huelma en 1752 para confeccionar el Castastro de Ensenada, apareciendo por el contrario en numerosas ocasiones el nombre de este pago. 

Y es que para mediados del XVII este Camino Real hacía Guadix y Almería pasando por Solera tendría un valor secundario. En una guía de caminos publicada en 1760 por José Matias Escribano aparecen dos caminos más principales3. El primero discurría por la carretera de Granada que pasaba por el Puerto de Arenas (Campillo de Arenas) y Campotejar que para esta fecha ya estaba abierto, tomando una bifurcación a las altura del Puente de Cubillas por el que se cruzaba el río Beiro para pasar por Iznalloz y Darro antes de llegar a Guadix

En segundo venía desde Úbeda, y tras cruzar Jódar tomaba una derivación que sin tener que seguir el valle del Jandulilla  nos llevaba a Cabrilla, la actual Cabra del Santo Cristo, en aquellos años centro de peregrinación en torno al Santo Cristo de Burgos, y desde allí de una manera más rectilínea a Guadix. Este continuo ir y venir de peregrinos haría que este camino estuviese mejor preparado y con mejores infraestructuras para el viajero.

Foto Detalle de  la cortijada de Fuente Leiva

Bulliciosa debió de ser por tanto la vida en tiempos pretéritos que  ha quedado transformada en un sonoro silencio que te permite oír el débil canto de los pájaros.

Fueron varias familias las dueñas de estos pagos durante las primeras décadas del pasado siglo, entre las que destacan los hermanos Eulogio (1883-1966) e Idelfonso Díaz Guzmán (1882-1944), junto a Lucas Vico Díaz (1876-1945). Este último labraba 200 fanegas de tierra calma y 900 olivas.

Foto Lucas Vico Díaz en el centro rodeado de su mujer e hijos

Dejamos la cortijada y continuamos por el Camino Real que a unas decenas de metros tuerce a la derecha, llegando seguidamente a la fuente que le da nombre al paraje. Esta pequeña fuente en apariencia surte de agua a un gran pilón donde beben agua los ganados de ahora, al igual que lo hicieron antaño. Esta zona fue, es un descansadero del Cordel de Guadahortuna, al que volvemos a salir circundando la fuente.

Foto Fuente Leiva

Pronto llegamos al cruce por el que ya habíamos pasado antes y volvemos a tomar el que probablemente fuese la continuación del  Camino Real, ahora en dirección a Guadix  que antes pasará por la falda de Cabeza Montosa, el monte que tenemos en frente y el Hacho, la cortijada donde está el puente de hierro de la cercana vía de tren.

Tras andar poco más de 2 km llegamos al cruce de un camino que queda a nuestra derecha. A ambos lados dos cortijos. A la izquierda, sobre un montículo, Barrios Nuevos. A la derecha, y ya a la vera del camino que vamos a tomar, Los Collados en referencia  los diversos oteros que le rodean desde lo que se divisa un horizonte infinito.

Dos cortijos históricos, pero que han sido tan remozados que no merecen traerlos mediante fotografías a este trabajo.

Continuamos descendiendo, ahora  entre tierras muy blancas, dominadas por la caliza, aquí conocidas como blancares. Es una cobertera sedimentaria  de tierras calizas que se elevó con el movimiento alpino sin apenas deformación. Su blancura contrasta sin apenas transición con las tierras rojas por las que pasamos al comienzo de la caminata.

El descenso acaba en el barranco de los Arruñales, topónimo que aparece ya en el Catastro de Ensenada. Volvemos a ascender hasta que llegamos a Cortijo Nuevo, nombre que hace referencia a su temprana edificación, allá por mediados del siglo pasado, en comparación al cortijo que vemos más al fondo, el conocido como Martín Jiménez, un topónimo que ya aparece en 1752.  

Martín Jiménez es un cortijo extenso, de unas 500 cuerdas, que perteneció a Nicolás Roa Salcedo, nacido en Huelma en 1884. Durante los años de la Guerra Civil, junto a Fuente Leiva y el Hacho, fue expropiado para convertirse en una colectividad trabajada por socialistas de la UGT(4). Actualmente sus tierras son propiedad de los herederos del Nicolás Roa. 

Foto Cortijo de Martín Jiménez

Rodeamos Cortijo Nuevo y tomamos un carril que aparece a nuestra izquierda que nos llevará al arroyo de los Arruñales al que acompañaremos hasta llegar al comienzo de nuestra andadura, a la Villa. Hemos recorrido unos 13 kilómetros llenos de naturaleza e historia.

 

 

(1)Cuando se visita alguna ciudad, algún monumento, algún paraje, se disfruta mucho más cuando te explican lo que rodea el objeto de la visita.Esta misma idea se puede aplicar a las salidas que cualquiera de nosotros hacemos al campo. El conocer el origen y formación de las tierras que pisamos hace más interesante nuestra excursión, además de que le da sentido a muchas cosas que podemos observar. Este es el fin de este pequeño escrito con el que pretendo darle al excursionista algunas claves para entender mejor su entorno.

Antes de pasar a su lectura quiero resaltar que no soy especialista, ni mucho menos, en estos temas. Las pocas ideas que recojo más abajo las he tomado de diversas publicaciones, las he intentando madurar y, finalmente, plasmar de manera muy sencilla, al alcance de cualquier persona. Es posible que haya cometido algún error. En tal caso, ruego que me lo haga saber aquel lector que lo detecte. Pero pasemos a su lectura.

En el segundo periodo de la era primaria o paleozoica (205-135 millones de años) se desarrolla la orogenia Herciana que origina grandes masas de montañas de pizarra y granito que ocupaban lo que es actualmente la meseta castellana (macizo Hespérico), la meseta central de Francia (macizo de Aquitania) y la zona  norte del Atlas africano (macizo Bético-Rifeño).

Separando estas grandes cordilleras corría una gran fosa marina ocupada por el conocido como Mar de Tehtys.

La era secundaria o mesozoica (260-65 millones de años) fue un periodo tranquilo que terminó erosionando las cordilleras hercianas, de las que quedarán grandes penillanuras de alturas medias. Los materiales  fueron depositándose en la cuenca marina existente entre los macizos, especialmente en las zonas más alejadas y a la vez más profundas de la costa. Una cuenca marina por otra parte inestable, con grandes transgresiones y regresiones marinas.

Llegamos así a la era terciaria, hace 65 millones de años, época convulsa en la que destaca la Orogenia Alpina. Los macizos que rodean la cuenca marina que cubre  el Tethys convergen entre sí, plegándose los mantos más potentes de sedimentos marinos, a la vez que se elevan o desciende otras zonas del zócalo, retirándose el mar. Surgen así, entre otros sistemas montañosos, el Sistema Bético, eje central de lo que es actualmente Andalucía, zona donde se sitúa la comarca de Sierra Mágina.

El material que más abunda en las nuevas tierras emergidas será el proveniente de la erosión del macizo Hespérico evolucionado en un medio marino que da como resultado nuevas rocas de naturaleza carbonatada: calizas, dolomías  y margas.

Las calizas son rocas duras, de aspecto blanquecino formadas mayoritariamente con carbonato cálcico. Cuando en esta composición también es importante el magnesio formarán las dolomías, roca también dura con un aspecto que va del gris al rosáceo. Finalmente, las margas son rocas blandas compuestas de calcita (mineral mayoritario en las rocas calizas) y arcillas (roca de grano fino proveniente de la descomposición del granito).

También destaca en algunas zonas unas areniscas de color rojizo. Provienen de los primeros procesos de erosión de las rocas de macizo Hespérico que fueron depositados en zonas de costa y que luego se cubrieron por las aguas. Luego, sobre ellos se fueron depositando los materiales que dieron lugar a los relieves calizos. Es por ello que estas capas areniscas deberían de estar por debajo de ellos, pero en algunas zonas han florecido a la luz tras diversos accidentes geomorfológicos como fallas, mantos de corrimiento, fracturas… En el término municipal de Huelma son abundantes. 

(2)LOPEZ DE VARGAS Y MACHUCA, Tomás: “ Mapa geográfico del reino de Jaen dividido en los partidos de Jaen, Baeza, Ubeda, Andujar, Martos y las poblaciones de Sierra Morena”. Biblioteca Virtual de Andalucia. Consulta realizada el 21 de noviembre del dos mil dieciséis. http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/consulta/resultados_ocr.cmd?buscar_cabecera=Buscar&id=659&tipoResultados=BIB&posicion=33&forma=ficha 

(3)MATIAS ESCRIBANO, José: “Itinerario español, o guia de caminos para ir desde Madrid a todas las Ciudades y Villas más principales de España; y para ir de unas ciudades a otras; y a algunas Cortes de Europa”. Madrid. Imprenta de Miguel Escribano. 1760. Consultada en Internet el día 21 de noviembre de 2016 en https://books.google.es/books?id=2jCvDQAgE0wC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q=Almer%C3%ADa&f=false

(4)RUIZ SANCHEZ, Francisco: “El proceso colectivizador en Huelma durante la 2ª República”. http://huelma.org/2.6.Colectividades.pdf. Consulta realizada el 29/11/2016.

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