Mágina Sur Información

Tu comercio podría aparecer aquí, a la vista de todos los lectores de Mágina Sur Información. Llámanos y te informamos. La publicidad más rentable

Cuando fundieron las campanas de la Iglesia de la Inmaculada Concepción para hacer metralla-Por Magdalena Valenzuela

Dic 31
Valora este artículo
(0 votos)

En el  verano de 2015 conocí a Juan Manuel Q. L, un nonagenario vecino de Huelma, que emigró hace muchos años y que había regresado para pasar unos días en su pueblo natal.

Comenzamos hablando de “las cosas de antes”, y en el transcurso de nuestra conversación me contó que él vio como tiraron las campanas de la iglesia de la Inmaculada para hacer material de guerra.

Era una mañana de octubre de 1936, y España estaba en guerra. Juan Manuel junto con otros niños estaba en la escuela de Dª Rosario Merino Oya, situada junto a la fuente del Cañico, cuando escucharon un enorme estruendo y vieron cómo se levantaba una gran polvareda” como si hubiera caído una bomba”

Los niños y la maestra, asustados, no se atrevían ni a asomarse a la ventana, porque la posibilidad de que hubiera caído una bomba en algún lugar cercano era real.

Cuando el ruido cesó y el polvo permitió ver lo que pasaba, venciendo el miedo, salieron a la calle y allí, desplomada a los pies del campanario, estaba la campana más grande de las que disponía la iglesia “que hizo un agujero en el suelo más grande que una alberca” y en su caída había arrastrado un trozo de uno de los salientes de la torre, que hasta el día de hoy permanece roto.

Me cuenta, que fue en octubre de 1936, pero yo creo que debió ser en octubre de 1937, porque según consta en el libro de actas del Consejo Local de Primera Enseñanza [1] el sistema escolar de no segregación por sexos, no se instauró en Huelma hasta ese año, y en las escuelas de niñas sólo había maestras y en la de niños maestros. Luego si Juan Manuel asistía a una escuela a cargo de una maestra, sería porque ya se había impuesto la coeducación y debió de ser octubre de 1937.

Pero volvamos a las campanas. En nuestro campanario había seis: una simonera, cuatro esquilones y un esquiloncillo que anunciaban los actos religiosos y algunos acontecimientos de la vida civil, sobre todo en momentos de peligro.

La que arrojaron desde el campanario y la que pudieron ver los niños de la escuela, fue la más grande, la simonera, que era de las que voltean y producía un sonido tan fuerte, que a decir de nuestros vecinos más mayores, “cuando empezaba a dar vueltas se oía hasta en el campo del Moral”

La simonera tenía nombre propio, se llamaba María Fuensanta, y en mitad de su copa tenía esta inscripción:

“Maria Fuensanta me llamo

Cien quintales peso

El que no quiera creerme

Que me tome a peso”

Aunque según otras fuentes, tenía dos estrofas más:

Me baje a la plaza

Y me suba a mi casa

Este tipo de inscripciones socarronas, era frecuente en campanas antiguas, y en ellas además, podía aparecer el nombre del maestro fundidor y del benefactor que sufragó el coste. 

Su peso, como se puede ver, era considerable, pues un quintal equivale a unos 47 kilos, luego el peso de la simonera sería de unos 4700 kilogramos de una aleación de bronce.

De los cuatro esquilones; un tipo de campanas de trazado largo y grosor proporcionado; dos de ellos también corrieron la misma suerte, pero al ser más pequeños los lanzaron por la parte interior de la torre. El primero, que debía ser de menor tamaño, consiguieron sacarlo al exterior , pero el segundo quedó encajado entre la escalera y la puerta de acceso a la torre, y no se pudo sacar, por lo que por mucho tiempo permaneció allí, obstruyendo la entrada al campanario.

El tercero, el cuarto, que era el que daba las horas del reloj, y el esquiloncillo permanecieron en su lugar dentro del campanario, sin que conste que intentaran tirarlos.

Fue pasando el tiempo, y como no hubo forma de sacar al exterior el esquilón que había quedado atrapado, se optó por devolverlo a su lugar en el campanario, y se utilizó durante la guerra para avisar a los vecinos para que corrieran hacia los distintos refugios antiaéreos que había en Huelma cuando aparecían los aviones por nuestro cielo. 

El encargado de tocarla cuando venía la aviación, era Alfonso Navarro Díaz, un vecino de Huelma, albañil de profesión, que contaba 32 años de edad y que era conocido como Almería, el cual , pasaba el día entero subido al campanario oteando el horizonte, e incluso, algunos vecinos que vivieron esos años de guerra, me cuentan que a veces, se paseaba por la cornisa que rodea la torre de la iglesia mientras ejercía su labor de vigía.

Las dos campanas que lograron sacar al exterior, una vez en la plaza, resultó que pesaban demasiado para moverlas con los medios de que se disponía en Huelma, y pasaron mucho tiempo en el suelo, hasta que finalmente vinieron con máquinas y camiones y se las llevaron, no se sabe con certeza a donde, pero parece ser que fue a Guadix, para fundirlas acogiéndose a la orden dictada por las autoridades republicanas en 1936, que permitía requisar las campanas de conventos e iglesias y emplear el metal en la construcción de material de guerra, metralla y blindajes de automóviles que iban a ser destinados al frente.

De esa manera, Huelma perdió dos de sus campanas, pero la torre no quedó muda, y durante la guerra civil tocaban cuando el reloj de la iglesia, que era el único reloj público del que disponíamos, daba las horas. Era un reloj de cuerda, a quien cada día tenía que ir a dársela el relojero Antonio Parra Ruiz, un vecino de la calle de la Iglesia.

Actualmente, en nuestro campanario hay tres campanas y un esquiloncillo, que siguiendo la tradición, tienen nombre propio, que está labrado en la parte superior de su copa .

La primera se llama María Fuensanta y está orientada hacia la plaza de la Iglesia .Fue construida en la fundición de campanas de Manuel Rosas de Torredonjimeno en 1917. 

La segunda, no he podido saber su nombre, porque aunque tiene una inscripción en la parte superior de la copa, parece más que un nombre, una oración en latín. Es la más antigua, y  más sencilla que la primera. No sabemos quién fue el maestro fundidor, pero sí que es de 1852 y en su parte media se puede leer un nombre, Manuel Quesada, que fue el benefactor que sufragó su coste. Este benefactor, cuyo nombre completo era Manuel Quesada Gómez, fue un presbítero de la iglesia de Huelma en el siglo XIX. Había nacido en nuestro pueblo en el año 1800, era hijo de un hacendado llamado Rafael Salcedo y de su esposa Ana Gómez, residió en la calle Cabezas y falleció en noviembre de 1875.

La tercera, María Gloria, también fue fundida por Manuel Rosas y también es de 1917.

La cuarta, el esquiloncillo, que mira a la calle Umbría, se llama María Teresa, es la más pequeña y la única que actualmente no está en funcionamiento, también data de 1917 y fue construida en la fundición de Manuel Rosas en Torredonjimeno.

 

[1]Archivo Municipal de Huelma Signatura 1195.2, página 41

Developed in conjunction with Ext-Joom.com

HomeHuelma-SoleraHuelma, historia y culturaCuando fundieron las campanas de la Iglesia de la Inmaculada Concepción para hacer metralla-Por Magdalena Valenzuela Subir

Últimas noticias

Últimos videos

Este sitio web utiliza cookies. Al utilizar nuestros servicios, acepta el uso que hacemos de las cookies. Para más información, consulte nuestra política de privacidad.
Aceptar